Una escritora que no escribe
- jahlemale

- 30 dic 2024
- 3 min de lectura
Cada año me propongo escribir, pero sigo sin hacerlo o sin tomármelo en serio. Es el propósito más despropósito de todos. Tengo notas escritas en el celular, en un chat personal y un par de agendas abandonadas. Hay propósitos que siguen sin cumplirse, pero hay otros que entraron sin hacer eso del Vision Board del que todos hablan.
Mi visión board sigue sin existir, porque yo existo en unas hojas que llené a comienzo de año, son pocos apuntes, mal contados como 5, donde puse realmente nada significativo. Fue mejor un listado donde doy las gracias por lo que tengo, tenia y tendré. Esto me ayudo a andar más ligero, sin expectativas diciéndole a la vida que me sorprendiera, pero no dejando nada al azar, porque los sueños sin trabajo no se cumplen. He sido más consciente de mi presente, viviendo el día a día, orando en medio de mi fe (con la que volví a conectar).
Sin pensarlo empecé a practicar la gratitud, como un ejercicio personal, entonces me cuestioné lo bueno y lo malo, sin juzgar al universo por ello, entendí el por qué y para que de las cosas malas y otras no tan buenas.
Este año mis sueños se revelaron ante mí y pude descubrí al fin que tenía una deuda con mi pasado, logre conversaciones más profundas con mi mamá y sane a esa niña interior herida, solté las expectativas con las que había crecido. Porque si de algo estoy segura es que la relación con mis padres es fundamental para tratar a los demás con compasión y amor, finalmente yo soy el reflejo del respeto con el que me tratan y como trato al mundo.

Tener la maravillosa experiencia de retarme a irme sola a viajar me enseñó a soltar los miedos, agradecí el hecho de sentirme capaz y viva. En la lejanía lanzaba una mirada al cielo cada vez que mis ojos veían lo imaginable y lloré tantas veces de alegría que desbloqueé ese sentimiento tan valido como llorar de tristeza.
Tu escritora que no escribe dejo unas pequeñas notas en un café en Amsterdam, un listado de deseos en un avión de Bogotá a Madrid y una crónica incompleta en un tren de Milán a Venecia.
Gracias a este año por la vida, por el placer de hoy tener 31 y pronto 32, por la familia que se quedo y por quienes se fueron, por esta casa a la que llego todas las noches y despierto todas las mañanas, por esos amigos y amigas que me falto por abrazar, por ese mensaje que recibí cuando me quebraba y me fortaleció donde lo necesitaba. Gracias a mi perro que mueve su colita a mi llegada. Gracias por los viajes y los lugares que visite. Gracias por las cosas que pasaron y sobre todo por las que no.
En este 2025 mi verdadero Vision Board será dar más las gracias, tener presente siempre que mientras mis papás estén conmigo y tengan salud, nada me falta. Por más viajes con los míos, más conciertos, más de esos momentos que regresan al presente, quiero ser mas yo con esta personalidad que cambia, pero mejora con los años, mas complicidad con mis hermanas, mas momentos en el parque con mi perro.
Al año que viene no le pido nada, pero si me voy con toda.




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